Si bien Deleuze en 1990 describía la crisis de la sociedad disciplinaria y su paso a la sociedad de control, ya Foucault en una revista japonesa como en la Universidad de Vincennes hacía referencia a la crisis de las disciplinas.En Vincennes, Foucault habla de un "nuevo orden interior", el cual implicará realizar un “marcaje, es decir, la localización de un cierto número de zonas que podemos llamar ‘zonas vulnerables’, en las que el Estado no quiere que suceda absolutamente nada”. Serían las zonas de máxima seguridad, de “tolerancia cero”, que tendrán como contracara (y este es el segundo rasgo) una nueva y mucho más amplia zona de tolerancia en la que se relajarán los controles policiales cotidianos. A partir de una evaluación de tipo costo-beneficio, el Estado dejará de intervenir toda vez que la intervención sea demasiado costosa (tanto en lo económico como en lo político) comparada con dejar que ciertos comportamientos se produzcan. En ella, la regulación se producirá precisamente por la ausencia del Estado, y no por su presencia. El tercer elemento que vislumbra Foucault es el desarrollo de “un sistema de información general” que no tiene por objetivo fundamental la vigilancia de cada individuo sino, más bien, la posibilidad de intervenir cuando sea necesario, lo cual “conduce a la necesidad de extender por toda la sociedad un sistema de información que, en cierta forma, es virtual; que no será actualizado” sino solamente cuando sea necesario.
Finalmente, el cuarto aspecto para que este nuevo orden interior funcione, es la constitución de un consenso que pasa por los mass media, y que, en cierta forma, y sin que el poder tenga que intervenir por sí mismo, sin que tenga que pagar el costo muy elevado a veces del ejercicio del poder, va a significar una cierta regulación espontánea que va a hacer que el orden se autoengendre, se perpetúe, se autocontrole a través de sus propios agentes de forma tal que el poder […] tendrá la posibilidad de intervenir lo menos posible y de la forma más discreta.
Complementando todo esto, está el concepto de gubernamentalidad, desarrollado por Michel Foucault en su curso "Seguridad, territorio y población", con la intención de plantear una nueva grilla de inteligibilidad del poder, más allá del modelo disciplinario, o sea, una nueva relación entre tecnologías de poder y modos de subjetivación. La gubernamentalidad es una modalidad de poder que no precisa para su ejercicio de la coacción directa ni del contacto físico con los individuos: es un poder a distancia, una intervención exhaustiva no sobre los individuos (como las disciplinas) sino sobre las reglas del juego, sobre un medio ambiente. Se trata de la conducción de las conductas, gestionando un campo de posibilidad (de ahí que la estadística o incluso la economía política sean sus saberes claves). En este sentido, el poder se ejerce únicamente sobre sujetos libres y sólo en la medida en que son libres. En definitiva, el gobierno “deja hacer” a los individuos, sobre cuyas acciones ejerce, no una reglamentación inflexible, como era el caso de la disciplina, sino una labor general de dirección.
Siguiendo a Manolo Rodríguez, podemos traer a la actualidad la cuestión de la gubernamentalidad, por medio de la noción de "gubernamentalidad algorítmica” la cual transcurre en la vigilancia distribuida a través de perfiles de redes. Los autores Antoinette Rouvroy y Thomas Berns han propuesto el término gubernamentalidad algorítmica para explicar cierto “nuevo orden informacional”. Este proceso se puede dividir en tres etapas:
1) La datavigilancia, es decir, recopilación y conservación automática de los datos que ya existían antes de las redes sociales.
2) La minería de datos, que aprovecha la recopilación de la datavigilancia, en función de un análisis automatizado que busca “hacer emerger correlaciones sutiles”, sin necesidad de una hipótesis previa, como planteaba la estadística tradicional, todo para que resulte cierto perfil.
3) Estos perfiles son utilizados en sentido probabilístico, para así anticipar comportamientos individuales.
Estos pasos de elaboración de perfiles pasan a una construcción futura de lo que deberían hacer, o sea, una gestión de las conductas de la población en base a todo lo citado. Por ejemplo Facebook: desde el “me gusta”, “personas que quizás conozcas” hasta “en qué estás pensando”, etc… es la puesta en marcha de la perfilización, es un acto de gubernamentalidad algorítmica.
¿Cómo se relaciona la “biopolítica informacional” con la gubernamentalidad algorítmica? Si bien la gubernamentalidad algorítmica tiene que ver con la vigilancia distribuida a través de redes; la biopolítica informacional tiene que ver con las estrategias de intervención sobre la existencia tanto individual y colectiva para lograr potenciar y desarrollar la vida, orientado en un complejo sistema de info-comunicaciones, que tienen como principal objetivo un nuevo modelo gubernamental-económico. Axel Branco Fraga propuso que la biopolítica informacional es un “conjunto de técnicas, procedimientos y saberes que regulan la vida por medio de informaciones”, ya no el control cuerpo a cuerpo disciplinario, sino políticas de inclusión pública, de concientización, prevención. Toda una promoción de la “vida saludable”. Lo interesante de esto es que (siguiendo a Flavia Costa) tanto el cuerpo individual y el cuerpo especie son interpelados, atravesados, organizados y modelados por una serie de informaciones.
Todo esto se encuentra vinculado con la apariencia de una utopía comunicacional: la biopolítica informacional, que busca la codificación de cuerpos transparentes que puedan ser puestos en la gramática virtual, concretando el ideal de transparencia y legibilidad total. La gran relación entre ambas visiones es que se juegan en gran medida la cuestión informacional y algorítmica, complementándose mutuamente y complejizando nuestro presente.
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